Lema 2018-2020

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Opción del XXIV Capítulo General
de la Congregación

VIDA EN TODOS SUS NIVELES...

Hermanos:                
¡El Evangelio es novedad! ¡El Evangelio es fiesta! Y solamente un corazón renovado puede vivir plenamente el Evangelio. (ON 10)
Así nos invita la Iglesia a vivir este tiempo de odres nuevos… Como familia janeriana deseamos recuperar la novedad del Evangelio y de nuestro carisma, crecer en unidad congregacional y sentirnos parte de “un pequeño pueblo, pobre y humilde” que confía en el Señor que lo conduce.

El XXIV capítulo general ha imaginado recorridos, sugerido procesos, nos ha animado a abrazar con generosidad nuevos éxodos (ON 8): hemos OPTADO POR LA VIDA.

VIDA que se expande y concreta en cada delegación y allí hace presente la caridad de Ana María.

Nuestra familia religiosa, ha buscado odres nuevos para contener la vida nueva que nos impulsa, por eso cada una de las delegaciones ha sido nombrada como uno de sitios donde nuestra Madre Ana María ha desplegado su caridad atenta.

  1. Cervera: “donde se recibe la vida”, allí nace Ana María y se recibe el carisma.

    El signo de la lámpara encendida alimentada con el aceite de la entrega de tantas hermanas que desde los inicios de nuestro instituto dieron vida y expandieron el carisma.

    Ana María nos dice: “Mi fuerzas mi bienestar, mi vida toda sacrificaré al servicio de mi Dios…”

    Pedimos por todos los janerianos que están hoy en la delegación de Cervera, que la vida de cada uno de ellos se vaya “transformando a la luz de la misericordia” (GE 105), para que, como Ana María, puedan gestar con su entrega, la vida nueva del Reino.


  2. Seo de Urgel: “donde crece la vida”, porque allí nace la Congregación.

    El signo de esta delegación: el escudo del instituto, que expresa nuestro sentido de pertenencia y adhesión al carisma janeriano.

    Ana María nos dice: “Venimos, por razón de caridad, no de interés”

    Pedimos por todos los janerianos que están hoy en la delegación de Seo de Urgel, que en la vida de cada uno se haga realidad el ver a Cristo en el “rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse”. (EG 96)


  3. Vall d’ora: “donde se cuida y protege la vida”, aquí atendió a los heridos de guerra.

    Los signos de esta delegación: el óleo y las vendas que nos invitan a hacernos cargo de las heridas de nuestros hermanos.

    Ana María nos dice: “Yo recojo a todos los que tiene necesidad y están heridos”.

    Pedimos por todos los janerianos que estamos hoy en esta delegación de la Vall d´ora, para que “aceptemos cada día el camino del Evangelio” (EG 94), nos impliquemos con los hermanos, especialmente los más pobres y vulnerados y los llevemos hacia el Señor.


  4. Talarn: “donde se entrega la vida”, allí muere Ana María.

    El signo de esta delegación: “la cruz de Talarn” que nos sugiere la memoria de una vida entregada hasta la donación plena de sí misma; nos muestra la palabra y el gesto sencillo de cercanía que transforma e impulsa a caminar a las nuevas generaciones.

    Pedimos por todos los janerianos que están hoy en esta delagación de Talarn, para que constituyan comunidades con empuje evangelizador, con audacia y parresía, que expresen “la libertad de una existencia que está abierta, porque se encuentra disponible para Dios y para los demás.” (GE 129).


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Jesús ofrece el Agua VIVA para que tengamos VIDA en abundancia...

Jesús y la mujer samaritana (Juan 4:1-42)

"Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores. Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo."